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 cria del cernicalo americano

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jesus
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jesus


Fecha de inscripción : 12/11/2009

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MensajeTema: cria del cernicalo americano   cria del cernicalo americano EmptyJue Mar 03, 2011 3:41 pm

Encontre este articulo sobre la cria de cernicalos americanos que me parecio muy interesante.Gracias a EDUARDO RAZOLA FERNANDEZ por compartirlo con todos nosotros a traves de internet.


No cabe duda que la cetrería, bien entendida como la captura de animales silvestres en su hábitat mediante el empleo de aves de presa adiestradas es una actividad apasionante, que permite al ser humano ser un espectador privilegiado de la lucha por la supervivencia. Sin embargo, la precaria situación poblacional a la que llegaron muchas de las especies empleadas en cetrería, dio lugar a leyes conservacionistas que prohibieron, en la mayoría de los casos, la captura o desnide selectivos de un cierto número de ejemplares al año para su uso en nuestro arte.

Ello puso a los cetreros en la disyuntiva de abandonar un deporte cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, o bien desarrollar la cría en cautividad de especies interesantes para su empleo como armas de caza. Un largo camino se ha recorrido ya desde los primeros experimentos en este sentido, allá por los años 60, hasta hoy, cuando los cetreros hemos criado en cautividad absolutamente todas las rapaces a las que hemos tenido acceso legal. En la actualidad, desarrolladas técnicas de inseminación artificial, impronta y demás, los cetreros nos autoabastecernos de pájaros sin necesidad de detraer ni un solo ejemplar de las poblaciones silvestres de las especies que utilizamos.



Entre todas ellas, una no demasiado conocida, es el cernícalo americano (Falco sparverius). Este pajarito, de aproximadamente, la mitad de tamaño que nuestro cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), es un fabuloso cazador. Quizá su nombre de cernícalo lo devalúe a ojos de quienes conozcan bien las pobres capacidades cazadoras de nuestro cernícalo vulgar, pero tal prejuicio decae inmediatamente tan pronto como se le ve volar. De batir rapidísimo, grácil y ligero, de manos bien proporcionadas respecto a su tamaño, sin los característicos largos dedos de otras rapaces estrictamente ornitófagas como esmerejones o gavilanes, pero tampoco excesivamente cortos. Los machos poseen un precioso color gris azulado en el borde de las alas y en la cabeza, que los diferencian, ya desde pollo, de las hembras, de libreas más apagadas. Ambos tienen una doble bigotera característica de la especie y que los hace muy vistosos. El peso viene a oscilar entre los 120 grs. De una hembra redonda, gorda hasta los topes, a los 85 grs. De los machos más pequeños, si bien estos pesos pueden variar ligeramente en función de las subespecies.

Para dar una idea bastante aproximada de lo que pueden dar de sí estos diminutos halcones, diré que mi primer contacto con esta especie, lo tuve con una hembra que me regaló, un buen amigo, Julián Meneses, seguramente el pionero en la cría de estos cernícalos en España. Efectivamente, "Mary", que así la llamé, llegó a mis manos improntada socialmente para finales de junio de 2001. Se perdió volando en caza en marzo de 2002, tras su gorrión número 172. ¿El secreto? La caza diaria, un día tras otro, de forma inexcusable. Los primeros días 12 o 14 lances hasta coronar uno sólo con éxito. Los últimos, antes de perderse, era muy raro que fallase. Un mes después de perderse, y tras poner carteles en prensa y calles, recibí la llamada de un amable señor relatando cómo él y su señora se habían quedado pasmados al salir de misa esa tarde y, cuando estaban echando unas miguitas de pan a los gorriones, "oye, pasar como una exhalación un cernícalo muy raro, muy pequeño y con unas correitas colgando, y salir volando con un pajarito en la patas en menos tiempo de lo que se tarda en contarlo. Ni lo vimos llegar, chico, una cosa de brujas. Y le dije a mi mujer: oye, saca el periódico que ví no se que anuncio de alguien que se le había escapado uno de estos....". Ni qué decir tiene que, a pesar de que pasé varios días señoleando y llamando al puño por la zona, a 30 kms. De donde yo la había perdido, no la pude recuperar. Pero me quedé muy tranquilo al saber que, un mes después, seguía a lo suyo y sin mi ayuda. La cantidad de anécdotas y curiosidades vividas en esos meses de mini-cetrería alternativa, no ha de ser objeto de este artículo.



El caso fue que, sorprendidísimo muy gratamente por esta diminuta fierecilla, y tras 6 años de intentos baldíos de criar gavilanes, tome la drástica decisión de vender mis tres parejas de gavilanes y hacerme si quiera con una sola pareja de cernícalos americanos para intentar su reproducción en cautividad. El caso fue que me hice con una hembra sin problemas pero no hubo forma de conseguir un macho hasta bien entrado el mes de mayo. Aún así, yo los junté en la misma muda, por si acaso. Mi sorpresa fue monumental, cuando ¡¡3 días!! después, al asomarme por el cristal de espejo falso, los ví copulando. Deprisa y corriendo, de mala manera, preparé un cajón rectangular del tipo de los que se emplean para los loros, pero sobredimensionado, y lo puse en una esquina de la muda. El resultado fueron 4 huevos, de los cuales nacieron 3 pollos, de los cuales, por razones que aún desconozco, sólo sobrevivió uno. Un torzuelo que forma parte, a día de hoy, de una de mis parejas reproductoras.

En vista del éxito, totalmente inesperado e inmerecido, compré otros 2 ejemplares (un macho y una hembra) y obtuve en préstamo otra hembra pollo del 2002, del compañero y amigo Andrés Ortíz, lo que unido al machito criado por mí el año anterior, me dejaba con tres parejas reproductoras para la temporada de cría del 2003.

Pero esta vez, para evitar que me pillara el toro, como me había sucedido la temporada anterior, me preparé a conciencia: me construí 3 cajones de cría rectangulares de 50 x 30 x 30, con una agujero de entrada de 8 cm de diámetro colocado en uno de los extremos (en la parte alta de una de las paredes de 30 x 30), con acceso directo desde el exterior a través de una de las paredes de la caja y de la propia muda, y coloqué como fondo del nido arena de obra cribada, ofreciendo a las aves un sustrato de unos 4 cm de profundidad para que excavaran en él el cuenco en el que depositar la puesta. Las mudas eran de 5 x 2,5 x 1,80 de altura y las cajas nido estaban colocadas, aproximadamente a 1 metro de altura, en una de las esquinas de la muda y siempre en la parte de ésta cubierta de la lluvia por una plancha de uralita transparente.



Además, compré una incubadora alemana de la marca HEKA, por la que pagué 630 euros, con volteo automático y 2 bandejas con una capacidad aproximada para 50 huevos por bandeja. Para completar el asunto, encargué a un amigo que me pidiera a Inglaterra 30 anillas para cernícalo americano con mis iniciales grabadas, el número de año y el número de pollo, con lo que no hice otra cosa que provocar su hilaridad y comentarios del tipo: "¿30 anillas? Pero qué dices!! Que esto no son gallinas tío...", pero para 20 euros y una cena al amiguete que me costaron, valió la pena, pues resultaron anillas muy bonitas, ligeras y fuertes.

Antes de pasar a relatar todo el proceso de cría, quiero dejar bien claro que no pretendo sentar cátedra ni dar lecciones a nadie, pues en esto de la cetrería las únicas lecciones nos las dan los pájaros a nosotros. Lo que viene a continuación es un sistema de cría que a mí, particularmente, me ha dado muy buenos resultados, pero eso no quiere decir que no existan otros que puedan darlos iguales o incluso superiores, cada uno hace las cosas como mejor cree y considera.

Las parejas que conformaban mi stock reproductor eran tres:

Pareja 1: formada por una hembra de 6 mudas y un macho de 2. La hembra había criado con otro macho los 5 primeros años y con éste su nueva pareja, el año anterior, un solo pollo, de 4 huevos que puso.

Pareja 2: formada por ese mismo pollo criado el año anterior por la pareja 1, y una hembra pollo del año, cedida por mi amigo, Andrés Ortíz. Evidentemente, ninguno de los dos había criado antes.

Pareja 3: Formada por macho y hembra adultos ya, seguramente de 4 o 5 mudas, adquiridos a un parque zoológico, en el que ya habían criado en la propia jaula en la que estaban, si bien tan solo 2 pollos, de los cuales uno fue matado por una rata.

Así las cosas, allá por el mes de marzo empecé a observar de cuando en cuando el comportamiento de las tres parejas, a la búsqueda de algún tipo de señal de parada nupcial, tales como entrega de comida, abatimiendo de la hembra, hiperactividad del macho, llamadas, cópulas...., pero nada, si bien hay que decir que mis observaciones diarias rara vez duraban más de 5 minutos. Mis obligaciones profesionales no me permitían más.



Por eso mismo, fue mayor mi sorpresa cuando, allá por el 27 de marzo, se me ocurrió mirar, por vez primera en el interior de las 3 cajas nido, descubriendo en la de la pareja 1, los 2 primeros huevos, muy oscuros, depositados en un cuenco perfecto, excavado en la arena. Ello me prudujo a la vez tan grande alegría como frustración, pues no fui capaz de preveer el feliz acontecimiento y, por consiguiente, tampoco anotar la puesta del primer huevo. Desde ese día miraría a diario el interior de las tres cajas, cosa que no había hecho hasta entonces en mi afán de molestarles lo menos posible.

Al día siguiente, 28, el tercer huevo, y el día 30 el cuarto. Fin de la puesta y arranque de la incubación por la hembra. A los 14 días de concluida la puesta, es decir, el día 13 de abril, con sumo cuidado, retiré la puesta a la hembra mientras comía, fuera del nido, y la pase a la incubadora, que llevaba ya un mes enchufada y funcionando, para calibrarla y poderla controlar a la perfección en función de las posibles variaciones de temperatura y humedad del cuarto de estar de mi casa.


Explicar a mis padres por qué debía estar aquel trasto encendido y consumiendo electricidad las 24 horas del día, sin nada dentro que incubar, resultó bastante más complicado. La incubación la efectué a una temperatura constante de 37,5 grados (centígrados, claro) y a una humedad del 50 %. Estas medidas fluctuaban a veces en función de las variaciones del propio cuarto entre el 40 y el 60 % la humedad, y entre los 37,2 y los 37,8 grados la temperatura. Hay que decir que, si por estar unas horas (o bastantes) a 37,2 grados no le ocurre nada al embrión, una subida por encima de los 37,8 grados resulta mortal.

Mientras iba adelante la incubación de esos 4 primeros huevos, comenzó la puesta la pareja 2. Así: 20 de abril, 1 huevo; 22 de abril, 2 huevos; 24 de abril, 3 huevos. Con la puesta del 4 huevo, el 27 de abril, la hembra se echó, por lo que pensé que ya no pondría más, pero el día 29 puso su quinto y último huevo. Ese mismo día 29 de abril, la pareja 3 ponía su primer huevo; el 2 de mayo el segundo y el 5 de mayo el tercero y último, con el que la hembra se echó a incubar.

Entre tanto, el 11 de abril retiré los 5 huevos a la pareja 2, cosa que tuve que hacer con gran rapidez, ya que el macho relevaba a la hembra en la incubación mientras ésta comía fuera del nido.



Los primeros pollos en romper el cascarón (los de la pareja 1) lo hicieron el día 28 de abril a las 12 de la mañana, el primero, y al día siguiente, a las 7, 9 y 12 de la mañana los tres siguientes, sin novedad. Es un privilegio tener la ocasión de contemplar en directo la llegada al mundo de un ave de presa, pero aún lo es mucho más, si es la primera vez que se contempla y, encima, son tuyos y el milagro se produce en el propio salón de tu casa. Recuerdo perfectamente que el día 28 era lunes y que, en vez de ir a trabajar, me pasé toda la mañana sentado frente a la incubadora, pegada la nariz a su puerta de cristal, mirando y admirando cómo los huevos parecían moverse solos, al principio, muy levemente, después de forma evidente y, finalmente, el polluelo empezada a cortar. Un detalle que observé y que me llamó la atención, fue que, desde el primer picotazo que hace una muesca en el cascarón, hasta que el pollo se decide a nacer, pueden pasar de 24 a 40 horas, pero cuando éste parece recibir la señal de que es la hora, apenas tarda 30 minutos en cortar totalmente el cascarón con el diamante situado sobre la parte superior del pico.

Los polluelos de la pareja 2 nacieron sin novedad el día 24 de mayo a las 7 y a las 7,30 de la tarde los 2 primeros, a las 8 de mañana del 25 los 2 siguientes y el quinto no nació hasta el día 28 de mayo, a las 9 de la mañana. Este último pollo fue el que más problemas me ocasionó, pues hube de darle de comer por separado, dada la diferencia de edad, has los 10 días y, por añadidura, tuvo un problema: nació con las patas totalmente descolocadas. Las tenía "despatarradas", como si estuviera crucificado, y no había manera de colocárselas. Probé atándoselas a la altura de las rodillas con un hilo, pero se lo quitaba enseguida. La solución definitiva fue introducirlo en una pequeña taza de café, forrada de papel higiénico, para se absorbiera las deyecciones, de modo que estaba como embutido en ella, sin posibilidad de que se le abrieran las patas. A los 4 o 5 días el problema desapareció y su desarrollo, en compañía de sus cuatro hermanos fue completamente normal.



Los pollos de la pareja 3 nacieron el 6 de junio a las 3 de la tarde y 11 de la noche respectivamente, pese a que llevaban picados desde el día 3 a las 8 de la tarde. Ello me planteaba un dilema: dejar que la naturaleza siguiera su curso o bien intervenir y abrir yo mismo los huevos con sumo cuidado, para forzar el nacimiento. Según he leído, durante las primeras 60 horas desde el primer picotazo, no se debe tocar para nada el huevo, pues el pollo está todavía absorbiendo el saco vitelino (la yema del huevo, vaya, el alimento para sus primeras horas fuera del huevo) y si se abre antes de tiempo está casi asegurada la muerte del pollo. Ello me llevó a no intervenir en los 2 primeros huevos, con feliz desenlace. El tercero, en cambio, fue otra cosa: picado desde el día 5, de madrugada, el día 8 me decidí a sacarlo con mis propias manos, pues el huevo, en lugar de estar picado por un solo punto y cortado circularmente a partir de él, estaba picado por varios puntos distintos, pero sin empezar a cortar, lo que hacía suponer que el pollo estaba teniendo verdaderas dificultades para romper la cáscara del huevo. Fue demasiado tarde: cuando, con sumo cuidado, abrí el huevo, el pollito, totalmente formado, pero seco, había muerto, víctima de mi indecisión para intervenir. Una posible causa de muerte pudo ser que tampoco quise incrementar excesivamente la humedad de la incubadora, pues tenía otros huevos a mitad de incubación en el piso superior y es muy posible que la pérdida masiva de humedad que sufre el interior del huevo tras el primer picotazo, no la pudiera compensar este pollo, y, al secarse, se pegara a la membrana interior del huevo y le impidiera girarse sobre sí mismo en el interior del huevo para cortar. Estas cosas pueden ocurrir cuandu únicamente se dispone una sola incubadora, para todos los huevos y pollos recién nacidos, como fue mi caso.

De todos estos pollos de primeras puestas, únicamente tuve otra baja: uno de los 4 de la primera pareja, murió a los 2 días de vida, sin explicación aparente, ni gordo ni delgado, con la misma alimentación, luz y calor que los demás. Aún no se lo que pudo ocurrirle. El resto, salieron adelante, sin más problemas. Los primeros 2 días de vida, en un platito con papel higiénico en el suelo de la propia incubadora, alimentados a base de trocitos de pechuga de codorniz recién sacrificada y completamente limpios de huesos, tendones y plumas, para poner en circulación su aparato digestivo. Las cebas han de ser entonces muy frecuentes: cada tres horas aproximadamente, cantidades pequeñas de carne (3 o 4 trocitos del tamaño de media lenteja). Es importantísimo dejar transcurrir 6 u 8 horas desde el nacimiento hasta la primera ceba para que el pollo consuma íntegramente el saco vitelino con el que viene al mundo, antes de suministrarle comida del exterior.



A los 2 días, yo los sacaba de la incubadora y los colocaba en recipientes pequeños con algún material absorbente, del tipo de papel higiénico o arena fina. Estos recipientes pueden ser del tipo de cestas de las empleadas para las pinzas de tender la ropa, que están a la vente en todas las tiendas de veinte duros y que, además, al ser sus paredes ventiladas, permiten la circulación del calor dentro del recipiente, para que su interior no suba de temperatura más de lo deseado. El calor puede proporcionarse mediante una lámpara o flexo convencional de los de iluminar los apuntes en tiempos universitarios, dotado, a ser posible, de una bombilla de luz negra, que producirá calor pero poca luz y azulada, que molestará menos a los pollos pequeños. Esta fuente calor se colocará en una esquina de forma que los pollos puedan alejarse o acercarse a ella según sus necesidades, y se irá alejando de ellos, verticalmente, a medida que vayan creciendo y necesitando menos calor.

Yo tuve un problema serio con una de estas bombillas de luz negra. Un mal día, sencillamente, estalló, se hizo añicos y produjo un ruido tremendo. Gracias a Dios, estaba yo a escasos 3 metros, para retirar inmediatamente los pollos y ponerlos al abrigo de otra fuente calor. Teniendo en cuenta que la distancia entre la bombilla y los pollos era de un palmo y medio, fue un auténtico milagro que ninguno resultara herido. Desde aquel día, utilicé sólo bombillas convencionales que cambiaba cada 4 o 5 días, por si las moscas.

Respecto a la alimentación, pasados los 2 primeros días de vida, y teniendo en cuenta que a esta edad es fundamental el aporte de calcio para el correcto desarrollo de los huesos de los pollos y de pelo y plumas para el mismo del buche, lo que yo hice fue comprar una picadora moulinex en la que picaba ratones, pajaritos, codornices, tordos, pollitos de un día, cortados en trozos pero sin desplumar ni desviscerar (excepto las codornices) ni nada. Un, dos, tres y.... puding de carne para cernícalo americano muy rico en trocitos de hueso, plumas, pelo y carne. El resultado fue extraordinario y lo podéis contemplar en las fotos que acompañan a este artículo.

Otra particularidad del cernícalo americano es que, ya desde pollos, los machos poseen ese precioso color gris azulado pizarroso en la mitad posterior de las alas, algo único, que yo sepa, en el mundo de las rapaces, cuyos machos no adquieren su librea característica hasta, al menos, su primera muda, caso por ejemplo, de nuestros cernícalos vulgares.



Con unos 10 o 12 días anillé a los pollos, de nuevo con los problemas propios del criador novato, como yo. A algún pollo me las ví y me las desee para introducirle la anilla en la pata, por haberle crecido ya demasiado (hube de untársela con nivea) y a otro, la anilla se le salía de la pata con una facilidad pasmosa y estuve varios días teniéndosela que poner, hasta que, por fin, dejó de caérsele.

Las parejas 1 y 2 hicieron segundas puestas, a los 14 días exactos de retiradas las primeras, de 4 huevos ambas. La 3 no volvió a poner. De esas 2 puestas de 4 huevos, que ya dejé incubar a las hembras en sus propias cajas-nido, nacieron 6 pollos (3 y 3 respectivamente), de los cuales 2 murieron en los nidos, uno de los cuales, sencillamente, desapareció, ignoro la razón. Lo cual me dejó con 4 pollos más de segundas puestas.

La pareja uno, llegó incluso a poner 2 huevos de una tercera puesta, pero ambos estaban infértiles. Con esta pareja uno, traté de estirar la segunda puesta retirándole 2 huevos cuando llevaba 3 puestos, y tan sólo puso un huevo más. Esos 2 huevos retirados los mantuve a 17 grados, girándolos un cuarto de vuelta cada 3 o 4 horas para que el embrión no se pegara a la cáscara. Y se los volví a introducir a la hembra en el nido, pasados 3 días de la puesta del 4 huevo (o segundo, según se mire), ya que pensé que no iba a poner más, como así fue.





Como conclusiones diré que la incubación dura de 28 a 31 días, según pareja, que la incubación ha de hacerse a 50 % de humedad y a 27,5 grados de temperatura y que es una especie bastante prolífica. Mis resultados, con tres parejas, fueron 22 huevos, de los que nacieron 17 pollos, de los que llegaron a volar 14 de ellos. De esos 14, 5 fueron machos y 9 hembras.

Como curiosidad, decir que yo había oído decir en los mentideros cetreros que a medida que las hembras reproductoras van siendo más viejas, tienden a sacar más machos que hembras entre sus pollos. Este comentario, desde luego, se ha confirmado en mi caso, pues la hembra de 7 mudas sacó 3 machos y una hembra; la de 4, 1 macho y una hembra, y la de 1, 8 hembras y un macho. Ignoro si es casualidad y, caso de no serlo, ignoro también la razón. Por ignorancia que no quede.

Esta ha sido mi experiencia, con mis aciertos y mis errores. Pero una cosa es cierta: el cernícalo americano es un ave con futuro en la cetrería española, por sus cualidades para la caza, su excelente carácter, su belleza, y por su fácil reproducción. Animo a todo aquel que tenga alguna pareja o piense adquirirla, a que intente obtener sus propios pollos, que no es tan difícil. Si hasta yo lo he conseguido...


Eduardo Razola Fernández



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